El ambiente de celebración predomina pese a las marchas convocadas durante la inauguración del torneo. La celebración a cargo de Shakira, Belinda y Los Ángeles Azules ha calentado la fiesta antes del partido entre México y Sudáfrica

Una marea verde ha tomado las calles de la capital mexicana este jueves en una peregrinación deportiva hacia el Estadio Azteca en el día de más ilusión para los aficionados del Mundial. México y Sudáfrica estrenan la máxima competición de fútbol mientras miles de pies caminan para llegar al encuentro. Camisetas verdes, el color del combinado nacional, han coloreado las grandes avenidas en todo el país. Casi 80.000 personas llenaron las gradas del Azteca para ver el primer partido de la Copa del Mundo 2026 y muchos miles más en plazas públicas para seguir la celebración en pantallas gigantes. La jornada no ha sido solo fútbol. Grupos de madres buscadoras de desaparecidos, uno de los problemas más desgarradores del país, y el gremio de maestros, que protesta por su precariedad laboral, han elevado la voz ante los focos de atención mundial que atrae la competición de la FIFA.
Las terrazas, los restaurantes y los puntos de celebración designados por las autoridades mexicanas estaban a reventar desde mucho antes de que empezara la ceremonia en el estadio al sur de la capital mexicana. Los Ángeles Azules, J Balvin y Shakira han llevado los colores con cientos de bailarines en la ceremonia de inauguración. La FIFA, que no se ha caracterizado por dar emblemáticas ceremonias como ocurre en el Super Bowl, se ha esforzado esta vez por dar un espectáculo a lo grande. Y aún faltan los conciertos en Estados Unidos y Canadá.
México, el maestro de maestros de un Mundial como anfitrión por tercera vez, ha dado el silbido inicial de la competición más grande de la historia organizada este año en tres países, junto con sus vecinos del norte. El país latinoamericano, que solo tendrá 13 de los 104 partidos, es el que ha puesto más corazón, mientras sus dos socios han destacado hasta ahora por un ambiente más bien indiferente o, en el caso del Gobierno de Donald Trump, por imponer restricciones migratorias a los equipos y deportistas.
La capital mexicana, que llevaba semanas de trabajos de última hora en el aeropuerto, en el transporte público y en el lavado de cara urbano para intentar llegar a tiempo a la cita con los miles de turistas que se esperaban para la inauguración y los primeros partidos, se contagió de emoción desde las primeras horas del jueves. Donde un día laboral normal y corriente hay atascos desesperantes de vehículos, vendedores ambulantes de tacos y otros platillos cotidianos, y ciudadanos caminando acelerados hacia sus trabajos, había ahora un Paseo de la Reforma peatonal tomado únicamente por aficionados de verde y extranjeros paseando. La mítica plaza Garibaldi, que suele vibrar a ritmo de mariachi en las noches capitalina, se ha llenado de cientos de personas para seguir la ceremonia y el partido inicial, al quedarse fuera del Fan Fest del Zócalo. La aún más mítica cantina de Tenampa y el resto de restaurantes y bares de la zona están llenos, mientras en la plancha se pelean por las sombras. Cuando la pantalla instalada no se oye, los asistentes comienzan a chiflar.
Minutos antes del silbatazo inicial para el encuentro México-Sudáfrica, el Fan Fest del Zócalo, la fiesta gratuita para aficionados, estaba completamente lleno. “Díganle a sus amigos que ya no vengan”, ha tenido que decir el animador desde el escenario. “Estamos los que estamos”. Los aficionados, con sombreros, banderas y paraguas para cubrirse de sol, corean las canciones de Los Ángeles Azules, Juan Gabriel, Vicente Fernández, entre otros. Suenan las trompetas y matracas y los gritos de “Sí se puede”.
El ambiente festivo contrastaba con las primeras horas de la jornada y con algunos puntos de la ciudad prendidos por las protestas sociales mientras Shakira llevaba por cuarta vez un espectáculo a un Mundial, tras los de Alemania, Sudáfrica y Brasil y presentaba con Con Dai Dai, la canción oficial que ha creado para esta competición. Como no podía ser de otro modo, la artista ha sido ampliamente ovacionada por los espectadores. Fuera de los muros del Azteca, las madres buscadoras colocaban los rostros de sus hijos desaparecidos. En un país que registra 134.000 personas sin localizar, son cientos las familias que llevan desde el miércoles marchando para visibilizar el tamaño de la crisis: “¡México campeón en desaparición!”. Los colectivos, que trataron de llegar ayer hasta el recinto deportivo sin éxito, se han topado hoy de nuevo con el despliegue policial que rodea al estadio. “Nosotras no estamos en contra del Mundial, sino en contra del olvido”, ha explicado en numerosas ocasiones Jacky Palmeros, que fundó el colectivo Una luz en el camino tras la desaparición de su hija Montserrat Uribe en Ciudad de México. Su protesta fue una de las tantas convocadas el mismo día de la inauguración. El otro colectivo que ha mostrado su músculo para paralizar la ciudad y meter presión al Gobierno han sido los maestros. Acampados desde hace días en los alrededores del Zócalo, han acorralado a las autoridades para forzarlas a cambiar el régimen de pensiones que, consideran, solamente les garantiza una vejez precaria. El sindicato de profesores CNTE, que ha amenazado con boicotear el Mundial en México, ha reiterado que las negociaciones sostenidas con el Gobierno hasta el último momento siguen sin responder a sus demandas. Entre el rosario de exigencias de los maestros está el aumento de sus salarios y reintroducir un sistema de pensiones público.